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Pía Garat en LatamList

Pía Garat es una de las mujeres fundadores que están redefiniendo los verticales de healthtech & biotech en Latinoamerica

América Latina está repleta de innovación y cuenta con los mejores talentos en las industrias de biotecnología y la tecnología de la salud. 

Los empresarios e inversores se están dando cuenta de las innumerables oportunidades que ofrece la región.

Con la crisis de la COVID-19, la demanda de soluciones puso a estas industrias en la primera línea de la pandemia, lo cual generó una evidente disrupción en las hojas de ruta previamente trazadas. Además de acelerar los procesos regulatorios en estas industrias, la pandemia abrió una oportunidad para innovar y llevar mejores productos y servicios a los mercados desatendidos.

Algunas de estas soluciones vienen de la mano de emprendedoras increíbles que están desafiando el statu quo, rompiendo estigmas y reorientando el enfoque en materia de atención y tratamiento para pacientes a través de sus soluciones de biotecnología y tecnología de la salud. Estas emprendedoras son Andrea Campos de Yana, Flavia Deutsch de Theia y Pía Garat de EOLO Pharma. 

Romper con el estigma de la salud mental

Andrea Campos es una emprendedora mexicana, fundadora y CEO de Yana, una app que acompaña a personas de habla hispana en busca del bienestar emocional a través de estrategias basadas en la Terapia Cognitivo Conductual (TCC). 

Yana

Como una persona que luchó contra la depresión desde la infancia, Andrea sabe la soledad que se siente al tener que afrontar episodios de depresión sin ayuda. Mientras intentaba descubrir qué quería hacer después de abandonar la universidad, decidió aprender a programar. 

Luego de aproximadamente un año y medio de programación, tuvo un episodio depresivo grave. Durante ese tiempo, hizo una búsqueda rápida en la tienda de aplicaciones y se dio cuenta de que no había ninguna aplicación móvil en español para ayudar a las personas a sobrellevar las afecciones mentales. 

Lo que comenzó como una búsqueda personal de las herramientas que necesitaba para hacer frente a su próximo episodio depresivo, se convirtió en algo que tenía el potencial de ayudar a muchas más personas que enfrentasen los mismos problemas. Y así nació Yana.

Yana, acrónimo de You Are Not Alone (“No estás solo” en inglés), acompaña a los usuarios a través de un chat donde pueden tener conversaciones guiadas por técnicas de TCC. 

“Este tipo de terapia sostiene que no es una situación en particular la que nos afecta, sino la forma en que percibimos esa situación. Entonces, la idea es que si trabajamos nuestros pensamientos y nuestra percepción, podemos cambiar la forma en que nos sentimos”, explicó Andrea.

Estas conversaciones ayudan a los usuarios a identificar sus pensamientos y emociones, así como también las situaciones que pueden desencadenarlos. La aplicación ofrece un espacio para afirmaciones diarias, un diario de gratitud, recomendaciones en cuanto a rutinas de bienestar y otras actividades, como por ejemplo la capacidad de realizar un seguimiento de cómo se sienten los usuarios a través de registros de estados de ánimo.

Cuando la gente le pregunta qué es lo que diferencia a Yana, Andrea responde: su autenticidad. Durante la pandemia hubo una demanda repentina de soluciones para ayudar a las personas a sobrellevar la enfermedad mental. Aparecieron soluciones de todo tipo, desde sitios web y chatbots hasta formas de intervención más tradicionales, como llamadas telefónicas. En muchos casos, estas soluciones cobraron vida en respuesta a la pandemia. 

“Creo que nuestra autenticidad deriva del motivo por el cual surgió Yana. No estamos haciendo esto por las ganancias económicas o por conveniencia. Lo hacemos para ayudar a aquellas personas que no tienen a dónde ir para recibir contención emocional”, explicó Andrea.

Existe un comité clínico que se encarga de la revisión y aprobación de todo el contenido de la aplicación, pero los usuarios pueden tener conversaciones informales en el chat de Yana como si estuviesen hablando con un amigo. Este enfoque humano que genera un espacio seguro para que las personas se abran emocionalmente es un reflejo del equipo detrás de la aplicación. Las conversaciones de Yana están diseñadas por personas que han luchado de primera mano contra las enfermedades mentales.  

“Estamos creando estas conversaciones con lo que nos hubiera gustado escuchar durante nuestros propios momentos malos. Son creadas por humanos, para humanos”, dijo Andrea.

La aplicación oficial de Yana se lanzó en 2020, fecha que coincidió con el inicio del confinamiento en México. Con una lista de espera de 1000 personas en el comienzo, Yana creció a un ritmo constante y moderado durante los primeros meses. Luego, tras aparecer destacada en la App Store por el Día Mundial de la Salud Mental en octubre, las descargas de Yana se dispararon estrepitosamente.

“Pasamos de 80.000 usuarios a un millón en solo un par de semanas. No estábamos preparados para ese nivel de crecimiento. Ni siquiera desde un punto de vista tecnológico. Nuestros servidores colapsaron y no tuvimos otra opción que adaptarnos rápidamente a la situación”, recordó Andrea. 

Definir el público objetivo de Yana no fue tan sencillo como habían pensado inicialmente Andrea y su equipo. 

“Teníamos la idea de que la ansiedad y la depresión no discriminan. Que eran algo que le podía pasar a cualquiera en cualquier etapa de la vida. Por lo tanto, Yana debía ser para todos. Eso fue un error”, explicó Andrea.

Había dos públicos objetivo claramente definidos: los que podían pagar y los que no. 

Tenían que decidir a quién priorizar. La división entre estos dos grupos también estaba ligada a la edad. Alrededor del 60% de los usuarios de Yana son adolescentes de entre 13 y 17 años que no tienen poder adquisitivo. Centrarse únicamente en los adultos que pudiesen pagar significaba diseñar un producto que no estaría dirigido a los adolescentes.

Andrea explicó que se observa un fuerte choque generacional entre los adolescentes que descargan la aplicación y sus padres. Por un lado, hay una nueva generación que está muy abierta a hablar de su bienestar emocional y que quiere trabajar para mejorarlo. Pero al mismo tiempo, cuando tratan de buscar ayuda, tienen una generación por encima de ellos que les dice que no la necesitan.

Esta mentalidad es más dominante en los adultos mexicanos mayores de 35 años. Si bien esto no representa a la mayoría de los usuarios de Yana, afecta directamente a Yana cuando se trata de sus hijos.

“Fue por eso que decidimos enfocarnos en los adolescentes, a pesar del problema que esto nos traería en términos de monetización. Pero lo que no queremos es que la monetización determine nuestro producto. Queremos que nuestras decisiones se basen en el conocimiento de quiénes son nuestros usuarios reales, quién necesita más nuestra solución y dónde vamos a tener el mayor impacto. La monetización viene después, pero no al revés”, dijo Andrea.

Actualmente Yana cuenta con un modelo de suscripción freemium y, de acuerdo con sus valores, ha bajado progresivamente el paywall en el recorrido del usuario para ayudar a aquellos que no pueden pagar a que sigan aprovechando los beneficios de la aplicación. 

La monetización también es un desafío debido al estigma asociado con la salud mental. Por lo general, la salud mental se relega a un nivel secundario y solo se considera un complemento de lo físico, por lo tanto no es algo por lo que valga la pena pagar. Andrea descubrió que la mayoría de los inversores también lo veían de esta manera. Muchos elogiaban su trabajo pero no estaban dispuestos a invertir.

“Para ellos, “o se hace el bien o se gana dinero”, como si estos dos conceptos no pudiesen convivir. De manera que en un principio fue muy complicado reunir capital que necesitábamos”, dijo Andrea.

Debido a la falta de regulación en América Latina en el sector salud en materia de innovación, muchas de estas soluciones no suelen llegar a nada.

“En México, solo alrededor del 2% del presupuesto sanitario es para salud mental. Y de ese 2%, el 90% son recursos que van a hospitales psiquiátricos. Entonces, al final no quedan recursos para la investigación, la tecnología y la innovación. Es un sector que está relegado”, dijo Andrea.

Todavía hay muchos cambios culturales y estructurales que deben ocurrir para reducir el estigma de la salud mental en las generaciones mayores, pero Andrea cree que la generación más joven será aquella que lleve adelante el cambio. 

Su visión para el futuro es que Yana se vuelva cada vez más personalizada para cada etapa de la vida. Hay muchas variables que es necesario tener en cuenta y que pueden hacer que la experiencia sea única para cada persona. Por ejemplo, mientras que para un adolescente puede tener sentido hablar sobre el ciberacoso, tal vez sea mejor para una persona de 60 años abordar el tema del síndrome del nido vacío. Incluso la frecuencia de las notificaciones y la longitud del texto con el que interactúa el usuario pueden variar.

“Queremos que Yana vaya evolucionando a la par de los usuarios. A medida que la gente crece, los temas de conversación cambian, al igual que la forma en que la aplicación acompaña en cada etapa de la vida. Queremos que Yana sea una experiencia verdaderamente humana”, dijo Andrea.

Enfocar la atención en la mujer

Flavia Deutsch es una emprendedora brasileña, cofundadora y directora ejecutiva de Theia, una empresa de tecnología de la salud en online-to-offline (O2O) creada por y para madres. 

Theia

Flavia nació y se crio en una familia de médicos. Su abuelo, sus padres y su hermana eligieron la carrera de medicina. Si bien ella era la que se salía de la norma en ese sentido, siempre le había conmovido cómo cambiaban la vida de las personas.

“Mis padres se despertaban a las cinco de la mañana con un brillo en los ojos, motivados por lo que iban a hacer ese día. Crecí viendo esa conexión y el impacto que tenían en sus pacientes”, recordó Flavia.

Sin embargo, ella sabía que no quería ser médica. En cambio, Flavia optó por un camino completamente diferente y estudió administración de empresas. Trabajó en finanzas y finalmente obtuvo un MBA en Stanford.

Comenzó a pensar en la idea de incorporarse a una startup en 2010, cuando la escena de las startups no estaba tan en boga como hoy. Tras finalizar el MBA, regresó a Brasil y se unió a Acesso, una empresa de tecnología financiera donde llevó adelante el sector de marketing y venta de productos durante seis años hasta que nació su segundo hijo.

Flavia aprovechó este momento como una oportunidad para iniciar su propio negocio, para crear una solución con la cual se sintiese conectada a nivel personal. 

Se puso en contacto con su excompañera de clase de Stanford, Paula Crespi, para proponerle que crearan una solución por y para mujeres. 

Con tantas oportunidades para arreglar industrias donde la tecnología no estaba bien aplicada, una alternativa obvia hubiese sido entrar en el mundo del fintech, dada la experiencia de Flavia y Paula en el sector. Sin embargo, se enamoraron de la tecnología de la salud.

“La salud no es un mercado fácil, lleva más tiempo que otros sectores tecnológicos. Pero si uno encuentra una solución, realmente estará cambiando la vida de las personas. Y creo que eso es una gran motivación”, dijo Flavia.

Habiendo pasado por dos embarazos en Brasil, Flavia estaba muy familiarizada con el sistema y sus incentivos rotos. Junto a Paula crearon Theia para enfocar la atención sanitaria en la mujer.

“Del 70% de las mujeres que inician su embarazo queriendo un parto vaginal en el sistema de salud privado, el 85% termina con una cesárea. Para el sistema, somos simplemente una barriga que lleva un bebé”, explicó Flavia.

Theia tiene como objetivo ofrecer una experiencia más integral para las mujeres, desde el momento en que descubren que están embarazadas hasta el parto y el posparto. La plataforma ayuda a las mujeres a transitar el embarazo y la maternidad a través de contenidos especializados, acceso a profesionales de la salud acreditados a través de consultas remotas y en persona, así como también acceso a recursos comunitarios para crear una red de apoyo moderna.

La plataforma comenzó como una solución 100% virtual. Sin embargo, Flavia y Paula pasaron a adoptar un modelo online-to-offline cuando vieron las limitaciones de una solución puramente digital. Tener un equipo integrado y poder coordinar la atención offline era la única forma de garantizar una mejor experiencia y acompañar a las madres.

“Uno puede darle a una madre toda la información que necesita para estar mejor preparada para el trabajo de parto, pero si no estás allí, sigue quedando en manos de un profesional que podría no velar por sus intereses”, comentó Flavia.

Cuando se lanzó Theia hace dos años, la telemedicina aún no había sido probada ni estaba regulada. La pandemia tuvo un papel fundamental en la aceleración de la digitalización de la atención médica en Brasil, aumentando el alcance y la accesibilidad y reduciendo los costos. También aceleró la aceptación de la telemedicina tanto entre los profesionales como entre los pacientes.

“Antes solía hablar con médicos que me decían ‘Jamás haré telemedicina. En mi especialidad es imposible’. Y luego llegó marzo de 2020 y comenzaron a adoptar todos los medios posibles para brindar atención virtual”, dijo Flavia.

En Brasil, la mayoría de la población depende del sistema público, llamado Sistema Unico de Saude (SUS). Sin embargo, una cuarta parte de la población paga un seguro médico privado. Dado que Theia es un servicio offline, sus usuarios pertenecen a un amplio espectro de mujeres que tienen seguro y reciben reembolsos por todos los gastos, así como también mujeres que no tienen seguro privado pero quieren recibir una mejor atención y pagar de su bolsillo.

“Vemos que las empresas son las que están pagando la salud en Brasil, ya sea contratando seguros a través de aseguradoras o del estado. Es allí donde está el mercado más grande. Las personas que pagan de su bolsillo constituyen un mercado muy pequeño”, dijo Flavia. 

Si bien actualmente están enfocados en perfeccionar el producto como una solución B2C, saben que la escalabilidad en el cuidado de la salud en Brasil es a través de la ruta B2B. 

Desarrollar la próxima generación de fármacos

Pía Garat es una emprendedora uruguaya, cofundadora y directora ejecutiva de EOLO Pharma, una biotecnológica que desarrolla terapias disruptivas para el tratamiento y la prevención de las principales causas de muerte en todo el mundo, como la diabetes tipo 2.

Pía estudió ingeniería en biotecnología en Uruguay, en una época en que los profesionales de la biotecnología aún eran una novedad. Y el enfoque de su carrera fue aún menos convencional, dado que combinaba la biotecnología con los negocios.

“En mis clases había bionegocios, economía, emprendimientos… para otros científicos era muy raro ver eso”, dijo Pía.

Fue durante una pasantía en el Instituto Pasteur de Montevideo que Pía tuvo su primera experiencia con una startup y le picó el proverbial gusanillo emprendedor. Formó parte de un equipo de investigación que analizaba los efectos beneficiosos de los productos naturales.

Después de esa primera experiencia, cofundó EOLO Pharma, una startup de biotecnología que se dedica al desarrollo de medicamentos dirigidos a las bases moleculares y celulares de las enfermedades relacionadas con la inflamación. Eolo, el dios del viento, era un buen nombre para una startup biotecnológica uruguaya en honor a la apuesta del país por la innovación que ha sido pionera en energía eólica en América Latina.

Con EOLO, Pía decidió postularse para CITES, una iniciativa del Grupo Sancor Seguros en favor de la innovación. Allí encontró ejemplos inspiradores que habían logrado con éxito la dualidad en la que ella había estado trabajando para combinar la ciencia con los negocios.

“Hasta ese momento era casi como una mala palabra mezclar los dos mundos. Me encantó porque pude conectarme con personas increíbles a nivel científico y comercial. Fue una combinación fantástica”, dijo Pía.

Presentar las moléculas que había estado desarrollando EOLO fue un momento decisivo para Pía.

“Creo que si en ese momento no hubiésemos tenido esa intriga, esa curiosidad de ser emprendedores, tal las moléculas aún estarían en un cajón del laboratorio”, reflexionó Pía.

Pasaron tres años en CITES aprendiendo a desarrollar una empresa de biotecnología, construyendo excelentes relaciones con otros empresarios, mentores e inversionistas.

Según Pía, para ser emprendedor en biotecnología no siempre es necesario tener una idea a partir de la cual comenzar. 

“Para aquellos que quieren iniciar una empresa: sean curiosos. Póngase en contacto con equipos de investigación, pregúntenles en qué están trabajando, si hay áreas que quieran seguir desarrollando. Y por supuesto, es importante ejercitar la capacidad de hacer frente continuamente a la frustración, porque no es un camino fácil”, dijo Pía.

En CITES, Pía y su equipo recibieron un enorme influjo de nueva información y descubrieron que cuanto más aprendían, más se daban cuenta de lo poco que sabían. Una cosa que sí sabían era que querían profundizar en el desarrollo de moléculas en un laboratorio.

Actualmente, EOLO desarrolla alrededor de 60 tipos de moléculas para diferentes problemas de salud. Sin embargo, su enfoque principal está en la obesidad y la diabetes tipo 2.

“Antes de la pandemia, una de las principales causas de muerte en el siglo XXI era la obesidad y las enfermedades asociadas”, comentó Pía.

Estas moléculas representan una gran oportunidad para cambiar vidas. Según la OMS, hay alrededor de 650 millones de personas que viven con obesidad sin que exista una solución para ellas. Con frecuencia se las somete a dietas y rutinas de ejercicio que no son sostenibles sin medicamentos.

“Alrededor del 95% de las personas con obesidad seguirán siendo obesas durante toda su vida y podrían morir de una enfermedad cardiovascular asociada con esta afección”, dijo Pía.

El problema también radica en que existe poca adherencia a los tratamientos farmacológicos existentes, dado que la mayoría de las soluciones tienen efectos secundarios negativos como la depresión. EOLO quiere cambiar esto mediante el desarrollo de un medicamento que no tenga efectos secundarios tan graves. Inspirándose en su primera experiencia de puesta en marcha, están mejorando productos naturales mediante procesos químicos para crear una nueva generación de fármacos para tratar la obesidad.

EOLO adopta un modelo B2B, y vende sus desarrollos de medicamentos a compañías farmacéuticas. Hay tres etapas de desarrollo en la industria farmacéutica: la primera es la etapa de investigación en laboratorio, la segunda es la etapa de prueba en animales y la tercera es la etapa de prueba en humanos. Esta última etapa puede ser bastante larga y compleja.

“Vamos a empezar a hacer pruebas en humanos el próximo año, y después queremos vender el desarrollo a una farmacéutica para que continúen con las siguientes etapas de pruebas en humanos”, explicó Pía.

Estas pruebas son muy costosas y generalmente exigen una gran inversión antes de poder vendérselas a un cliente. Debido a que la biotecnología es una industria intensiva en uso de capital, la recaudación en rondas importantes puede ser un desafío en América Latina. 

“Me imagino una recaudación de $25 millones en una ronda de inversión en América Latina. Si estuviese en EE.UU., para la misma etapa de desarrollo en la que estoy hoy, podría recaudar entre $60 y $100 millones en una Serie A. La diferencia es abismal”, comentó Pía.

La realidad es que los inversionistas siguen mirando a América Latina con desconfianza. Por estas razones, el desarrollo es más lento en América Latina y tener una red sólida es fundamental para validar cualquier startup.

“Dicho esto, también hay ventajas importantes. Nuestra región tiene un talento extraordinario. No tenemos nada que envidiar a otros países en materia de talento. Eso es de gran ayuda a la hora de hacer nuevos descubrimientos”, dijo Pía.

Hay dos cosas que motivan a Pía en EOLO. La primera es que su desarrollo pueda llegar a la etapa de pruebas en humanos.

“Ese es un sueño que venimos persiguiendo desde que empezamos la empresa. Es algo que se estudia en la universidad y parece muy lejano. Y, por supuesto, al llegar a esa etapa se aprende muchísimo”, explicó Pía.

Además de desarrollar fármacos para el tratamiento de la obesidad y la diabetes tipo 2, Pía está muy orgullosa de un fármaco que desarrolló su empresa para la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), también conocida como enfermedad de Lou Gehrig. Esta enfermedad no cuenta con un tratamiento efectivo y las personas suelen tener una esperanza de vida de dos años a partir del momento del diagnóstico.

“Estamos desarrollando un fármaco para esta enfermedad que ya se ha comportado bien en animales y compite bien con potenciales competidores en el mercado. Me fascina pensar que podamos lanzar un fármaco que pueda ayudar a ese grupo de personas. Algo así puede cambiar la vida no solo de una persona, sino de toda una familia”, dijo Pía.

A medida que el ecosistema biotecnológico sigue creciendo, Pía se da cuenta de que los investigadores uruguayos que habían dejado el país están volviendo a trabajar en proyectos locales, intrigados por los desarrollos en la región. Pía celebra este fenómeno porque, cuanta más repercusión tengan los desarrollos biotecnológicos, más inversores se sentirán atraídos por la región.

“Es impresionante la cantidad de empresas sudamericanas que están participando en las ferias internacionales virtuales a las que asisto. Hace seis años cuando yo participaba, no había otra representación. Pero ahora es diferente”, recordó Pía.